Lena -No es magia, es tango o La voluntad del fuego- (Relatos)

Lena tenía la columna vertebral desviada, si la veías de frente su torso era una C; un hombro 10 centimetros más bajo que el otro. La pierna izquierda rígida, carecía de equilibrio, sufría varios dolores, y no podía caminar hacia atrás. Pero Lena y sus casi siete décadas querían bailar tango, y se encontró con 'el milonguerito' ¿dónde? donde están los milongueritos, en la milonga. Los vi en La Ideal, amplia y tradicional; estaba rebosante de bailarines esa noche por lo cual desde mi ángulo podía ver una espalda, el agarre de las manos, y cada tanto los pies; luego la veía salir a ella de la pista, con su cuerpo torcido, caminando con dificultad y me crecía la curiosidad 'quiero verla bailar'.

Milonguear en París (I)

Millégalle del Trocadéro


Organizà tu viaje milonguero

¿Porqué esperar la fecha de un Festival para combinar el placer de viajar y bailar? Este post es para incentivar a las mentes inquietas a moverse de sus lugares conocidos y salir a explorar y explorarse. Un viaje siempre te descubre, te despierta, te muestra tus talentos, capacidades, posibilidades. Y París es un destino tentador, estimulante y con mucho tango.

TangoNeta: la búsqueda del movimiento. -Crónicas-

Sobrevolando Napoli
Marzo 2015




*Nota viajera: Llegué a Napoli con el agua golpeando las ventanillas del tren, el cielo plomizo tragando la cima de las colinas y un manto rosa luminoso de los ciruelos floreciendo al costado del camino. A las pocas horas salió el sol. Tomé la funicolare por primera vez en mi vida (encantadora, una especie de subte ascendente) y me bajé en Stazione Petraio con mi valjita. Justo allí se desarrollaba el evento, ni mas aquí ni mas allá; pero eso lo sabría después. Miré a mi alrededor: salían escaleritas y pasadizos en varias direcciones y probé suerte por ahí, equivocándome con fortuna. De golpe apareció Napoli, extendiéndose ante mis ojos en onduladas capas de techos coloridos hasta adentrarse en el azul primaveral del mar.

Milonga de Carnaval -Relatos-

Roma, febrero 2015 

Martes tres de la madrugada, carnaval de invierno. El panorama era grotesco. Un salón de dimensiones exorbitantes completamente revestido en mármol; luces como acuarelas rojas, sonaba una musiquita electrotangueada. Las máscaras centelleaban en la pista, unas alas de ángel pretendían cierta sensualidad destartalada colgando de un piernas largas de tragedia; a la endiablada se le enredaba la cola mientras serpenteaba alrededor de un leopardo que la miraba con la boca abierta; la señora del sombrero puntiagudo tentaba torsiones imposibles a costa del trastabilleo de su compañero; el antifaz al que le colgaban las plumas estiraba la pierna enfundada en brillos y la cabeza hacia atrás; los cuerpos se movían torpemente y sin embargo gesticulaban grandes sonrisas de gozo exagerado. 

Cafetìn de Roma: 1° milonga fuera de Buenos Aires -Crònicas-


De cómo dimos con esta milonga, es una historia fácil. Antes de salir de Buenos Aires escribimos a varios grupos de Facebook con temática tanguera, y nos respondió Juan, en perfecto castellano porteño, porque nació en Argentina. De cómo llegamos... es otro cantar.


Salimos al mediodía de Ostia, tomamos un tren hasta Pirámide (1) y ahí nos dividimos; Iván se fue por su cuenta a recorrer la ciudad y yo seguí camino a Piazza del Popolo (2) a encontrarme con un amigo que no veo desde hace 10 años que, entre otras cosas, es amante apasionado de la historia de la ciudad eterna en la que nació.

Iván rápidamente comprendió que las crestas del Coliseo no se ven desde todos los puntos de la ciudad, y que si querés salir sin mapa en un lugar desconocido del mundo y sin saber el idioma, es posible que ni siquiera lo encuentres.

Siena - Pequeños recovecos que inspiran. - Crònicas-



Día2

Salimos bien temprano desde Ostia, cerca de Roma. Y bien temprano es a las 7.30 de la recontra madrugada de invierno, emponchados exageradamente hasta las pestañas. Desayunamos un capuchino y unos Cornetti (una especie de medialuna con nutella) de parados en el café de abajo de la casa y recorrimos durante 3 horas los paisajes que el sueño permitió.

A Roma llegamos trotando - Del viaje, la llegada y la corrida -

Llegamos a Fiumicino, aeropuerto de Roma, el domingo 8 de febrero por la noche. Nos recibe un invierno bonachón, luego de un viaje que comienza a ser anecdótico.

N°1 - Arribamos al chek in en Ezeiza y el pibe nos dice 'compraron el pasaje en una agencia... te dieron 1 hora para bajar del avión y correr a tomar el otro, están muy justos con el tiempo, les mando las valijas directo a Roma, el aeropuerto de Barajas es grandísimo, van a tener que correr'. Nos miramos con mi cumpa de viaje, asentimos con la cabeza, y los dos supimos que estaríamos concentradísimos en tal misión. Llegamos en horario al aeropuerto de Barajas, salimos bien apuraditos en silencio y a buscar la Terminal 2 Puerta 81E. Nos topamos primero con el control policial del ingreso a la Comunidad Europea. De todas las caras que se veían detrás de las ventanillas, nos tocó la peor. Tipo grande, serio, de nariz alta y mirada desconfiada. 'Pasaportes por favor. Y ustedes vienen de... Buenos Aires...  ¿Y a qué vienen? a visitar amigos... ajá... ¿y traéis dinero encima? ajá.... ¿cuánto en efectivo?... ajá... y tenéis tarjeta de crédito... y me decís que venís a vivir a la casa de vuestros amigos... ajá... ¿y cuánto tiempo se quedarán en Roma? ajá... ¿y a qué os dedicáis?... profesor de tango... ajá... ¿Tai chi? ¿Practicas tai chi?... ¡yo practico tai chi! si, si claro, desde hace unos años ya... pasen, pasen ¡buena permanencia en Europa! (ffiuuuffff...)

Luego del control policial que tardó unos 10 minutos, tardamos otros 15 en llegar al chek in que estaba repleto de gente y otros 10 en que nos atiendan (vamos sumando 35 pero ya tranquilos y encaminados). En la fila conocimos a Sabrina, docente romana con un novio Cordobés, con el cual mantenían su amor desde hace 10 años yendo y viniendo. Cuando nos toca a nosotros, había un error con el pasaje, la empleada nos mira con cierto terror y nos manda a la oficina de la compañía de vuelo a que lo solucionen. Al trote nos fuimos, literal, con todos los bártulos. Nos atendieron, resolvieron, volvimos al chek in y ya no había nadie. Faltaban 10 minutos para que cerraran el embarque y seguíamos demorados. Apenas nos dieron la tasa nos echamos a correr. Yo no me había puesto medias (viajo con una especie de pantuflitas), y con las zapatillas casi nuevas creé dos ampollas flamantes en mis talones. Fueron 10 minutos tensos hasta llegar a la puerta, fuimos los últimos en subir, y creo que los más felices.

¿Y la valija? ¿Y el pasaporte?


N° 2- Llegamos a Roma dormidísimos. Bajamos medio zombis, fuimos en busca de mochila y valija, no quedaba casi nadie en el lugar. Sale la de mi cumpa y La mía no salía, no salía... doy un par de vueltas, corroboro si el lugar era correcto, me voy a la mesa de informes. Me mandan a valijas perdidas. Vuelta va vuelta viene, allí estaba. La confusión se había desatado porque cometieron el error de confundir los identificadores de nuestros bultos. Volvemos a resolverlo a la mesa de informaciones, necesitaban el pasaporte de mi cumpa... y el pasaporte no estaba en el bolsillo, en la mochila, en la campera... no estaba. Lo mandan a buscar al avión dos veces; tenía que estar ahí porque lo había usado para embarcar; 20 minutos de espera interminable, no estaba. Debíamos hacer la denuncia en la poli, ir a la embajada, hacer uno nuevo... en fin. Salimos algo confusos, nos encontramos con nuestro anfitrión que nos recomienda ir a casa y resolver al día siguiente con tranquilidad.
Al otro día, ya más despiertos, apareció el pasaporte. Estaba más cerca del portador de lo que pudiésemos esperar, en el bolsillo de la camisa delante del corazón. Todos felices, fin de la historia.


Moraleja: concentración, paciencia y confianza (y un poco de entrenamiento físico).