Lena tenía la columna
vertebral desviada, si la veías de frente su torso era una C; un hombro 10
centimetros más bajo que el otro. La pierna izquierda rígida, carecía
de equilibrio, sufría varios dolores, y no podía caminar hacia atrás. Pero Lena
y sus casi siete décadas querían bailar tango, y se encontró con 'el
milonguerito' ¿dónde? donde están los milongueritos, en la milonga.
Los vi en La Ideal, amplia y tradicional; estaba rebosante de bailarines
esa noche por lo cual desde mi ángulo podía ver una espalda, el agarre de las
manos, y cada tanto los pies; luego la veía salir a ella de la pista, con su cuerpo
torcido, caminando con dificultad y me crecía la curiosidad 'quiero verla
bailar'.
'Bailo porque me gusta.
Aunque cada vez que vengo me tomo cinco pastillas para dinosaurio, sino no me
puedo mover por el dolor. No hay ni una parte del cuerpo que me funcione' Dice
Lena y se ríe.
'Lena me
contrató para que le enseñe a bailar, y eso hago. No puede caminar hacia atrás,
si la giro hacia la derecha pierde el equilibrio y me dice -ay ay ay que me
caigo, mientras se me cuelga de los hombros; en el abrazo le calzo la axila que
tiene más baja, si la levanto mucho le duele y está rígida por todos lados.
Pero quiere bailar tango, tiene la voluntad del fuego, eso alcanza y sobra. El
tango es un lenguaje, nos comunicamos, yo me adapto a su cuerpo y ella sigue
mis marcas. No es magia, es tango.' -me dijo el milonguerito.
Los invité a beber un
rico vinito, pero a media copa inició una tanda de Di Sarli y Lena lo arrastró
a la pista. 'Lo tengo que aprovechar que se va de gira, y en breve yo también
me voy' y gesticula con la mano hacia el cielo riendo; le brillaba la
bijouterié y las miles de lentejuelas que pendían de su vestido.
Me quedé mirando su
caminata, los ochos, los pequeños adornos, la mirada atenta de él levantando
las cejas cuando abría un poco el abrazo para detenerla en el aire. Era un guía
cuidadoso y avezado; ella quejándose se dejaba llevar. Allá iban ellos con su danza y sus
risas, divertidos milongueros dibujando garabatos en la pista, garabatos con
estilo Joan Miró. 'Y si, a veces el cuerpo se me agota y quedo de cama; pero
mirala a ella, baila hasta que se le acaba la batería'.
Mientras movía la copa un
pensamiento se bamboleaba en el vino 'la voluntad del fuego...' flamea hasta la última gota de luz, arde hasta
morir... me quemaba el pecho. Nostalgia por la vejez que aún no llega, amor
profundo como un valle entre montañas, conciencia del tiempo. Bebí un sorbo,
erguí el cuello y cual telescopio busqué alguna mirada masculina atenta;
‘ahí esta’, dejé la copa a la mitad y me enrosqué en un abrazo con cualquiera, 'así se baila el tango' pensé mientras el calor invadía todo el
cuerpo, 'un tango de mi flor'.
‘Así se baila el Tango’
Letra: Elías Randal
Música: Marvil (Elizardo Martínez Vilas)
Cantante: Adriana Varela.
¡Qué saben los pitucos,
lamidos y shushetas!
¡Qué saben lo que es
tango, qué saben de compás!
Aquí está la elegancia.
¡Qué pinta! ¡Qué silueta!
¡Qué porte! ¡Qué
arrogancia! ¡Qué clase pa'bailar!
Así se corta el césped
mientras dibujo el ocho,
para estas filigranas yo
soy como un pintor.
Ahora una corrida, una
vuelta, una sentada...
¡Así se baila el tango,
un tango de mi flor!
Así se baila el tango,
sintiendo en la cara,
la sangre que sube
a cada compás,
mientras el brazo,
como una serpiente,
se enrosca en el talle
que se va a quebrar.
Así se baila el tango,
mezclando el aliento,
cerrando los ojos
pa' escuchar mejor,
cómo los violines
le cuentan al fueye
por qué desde esa noche
Malena no cantó.
¿Será mujer o junco,
cuando hace una quebrada?
¿Tendrá resorte o cuerda
para mover los pies?
Lo cierto es que mi
prenda, que mi "peor es nada",
bailando es una fiera que
me hace enloquecer...
A veces me pregunto si no
será mi sombra
que siempre me persigue,
o un ser sin voluntad.
¡Pero es que ya ha nacido
así, pa' la milonga
y, como yo, se muere, se
muere por bailar!