Día cero: Cruz del Sur

Tengo mas ganas de escribir que de salir de la cama y hacerme un mate.
Y tengo algo más: una idea.
Hace unos días como una estrella fugaz cruzó mi mente. Así, en medio de la oscuridad. Se volvió bichito de luz, iluminando cada tanto, reuniendo pensamientos, y hoy la veo convertida en la cruz del sur, brújula y luz al mismo tiempo.
La cruz del sur: enormes soles lejanos que indican el camino.

Si, me levanto a poner la pava.
Y quizá prepare alguna galletita con manteca.

Listo.
Llueve. Se escucha el respinporotear de los gotones.
Inicio los preparativos del viaje con una bolsita de incertidumbre en cada mano.
El corazón sonriente, los piecitos listos (adorados pies) para andar y bailotear.

Tareas de la semana:

-Visitar a Alanis y hacerme de un exquisito par de zapatos nuevos.
(Los viejitos los llevo igual por cábala, así gastadísimos como estan)
-Hacer un recuento de las milongas que me falta visitar en Buenos Aires.
-Volver a refrescarme en las asiduas, para alimentarme, respirarlas y fotearlas.
-Arreglar la ruedita de la valija.
-Escribir, escribir, escribir.
-Pensar, elucubrar, imaginar, hablar con amigos largo rato.
-Sacar la ropa de invierno porque donde voy hace frío.
-Regar las plantas de G.
-Tai Chi en la terraza de G.

Y la tarea inmediata: hacer la ensalada de fruta para 15 comensales.
Es 31 de diciembre en Buenos Aires.

CHIN CHIN!!!

Violeta.
Así de lindo el limón.